Cuál es el origen de las Haciendas.

¿Cuál es el origen de las haciendas?

Las haciendas son construcciones que surgieron en nuestro país a partir del siglo XVII con las primeras encomiendas de tierra que la Corona Española otorgara a sus soldados de más alto rango, luego se consolidaron como el pilar de la economía colonial y la propiedad más característica del México Novohispano.

Sistema de propiedad de origen español, concretamente andaluz, el modelo fue importado en América durante la época virreinal (véase el artículo "hacienda colonial"). ... El Diccionario de Autoridades, en el año 1734, la define como las heredades del campo y tierras de labor que se trabajan para que fructifiquen.

¿Cómo surgieron las haciendas en la época colonial?

La hacienda tuvo su origen en la sustitución del tributo en especies, como forma de aprovisionamiento de los colonos, por una producción específica destinada a satisfacer las necesidades de los europeos, así como de la propia fuerza laboral agrícola, ganadera y minera.

¿Dónde se fundaron las haciendas?

La economía de los pueblos de los valles de México y Toluca, que actualmente forman el Estado de México, tuvo su base en la agricultura y se organizó principalmente en unidades productivas conocidas como haciendas. Esta forma de propiedad territorial fue la riqueza más prestigiada a principios del siglo XVII.

¿Cómo era la vida de las personas en las haciendas?

Los modos de vida en las haciendas era la interrelación que tenían hacendados con administradores, capataces y peones, así como con los empleados de a casa grande, la forma de convivir, divertirse, sus tradiciones, entre otras cosas; éstos estaban directamente ligados con las formas de producción.

CARACTERISTICAS DE LA HACIENDA

Diferentes tipos de haciendas

Por la actividad a que se dedicaban, podemos diferenciar seis tipos fundamentales

de haciendas: azucareras, cerealeras, ganaderas, pulqueras, henequeneras y las haciendas de productos tropicales. Las cerealeras se ubicaban en su mayoría en las tierras altas y medias de la Meseta Central, mientras que las ganaderas ocupaban las zonas marginales, sobre todo en el norte del territorio. Las haciendas azucareras y de productos tropicales florecieron en las tierras bajas de clima caluroso.

También los requerimientos de tierras, aguas, trabajos y tecnología variaban según el tipo de hacienda. Las que demandaban mayor inversión eran las azucareras y algunas de las dedicadas a la explotación de productos tropicales como el añil. Les seguían las haciendas agrícolas, mientras que en las ganaderas y pulqueras las demandas de capital eran menores.

Las haciendas azucareras

Las principales zonas azucareras estaban ubicadas en lo que ahora es el estado de Morelos, en Jalapa y en zonas de Michoacán; también se producía azúcar en Autlán e Izúcar, aunque en menor escala.

Junto con la minería, los ingenios azucareros fueron las unidades productivas con mayores requerimientos de capital y de mano de obra. Las tierras apropiadas para cultivar caña tenían un precio elevado y al costo de la tierra había que agregar el del agua, además de que la mayoría de los hacendados tenía que construir acueductos, acequias y canales para conducir el líquido a sus haciendas.

La fábrica, que era el ingenio o trapiche propiamente dicho, constaba de diversas salas. En el cuarto de molienda se exprimía el jugo de la caña por medio de un gran molino formado por tres rodillos giratorios, impulsados por fuerza animal o hidráulica. Después, el jugo pasaba a través de canales hacia el cuarto de calderas, donde hervía en diversas calderas de cobre, con el fin de purificarlo y de que el azúcar se cristalizara. Luego, la masa se colocaba en conos de barro y se dejaba que las mieles escurrieran de los conos en el cuarto de purgar, para luego blanquear el azúcar, embadurnando aquéllos con greda. Finalmente, los conos de azúcar se secaban al sol, en asoleaderos con techos móviles.

Además de la fábrica, las haciendas azucareras contaban con una iglesia, habitaciones para el amo y para los trabajadores administrativos y viviendas para los esclavos y los indios residentes. Era común que tuvieran carpintería, herrería y alfarería, lo que permitía fabricar y reparar la mayoría de los implementos agrícolas, maquinaria, herramienta y demás utensilios del ingenio. Por todo lo que implicaba su funcionamiento, los ingenios debían estar en manos de personas o instituciones que disponían de un amplio capital, tales como altos funcionarios, dueños de minas, comerciantes o instituciones eclesiásticas.

Las haciendas cerealeras

 Las haciendas cerealeras producían principalmente trigo, maíz y, en menor cantidad, cebada. La región de mayor producción de grano fue la zona de Puebla-Atlixco-Tepeaca. En segundo lugar, estaba El Bajío, cuyo desarrollo agrícola se inició en el siglo XVII Les seguían, en orden de importancia, las zonas situadas inmediatamente al norte y oeste de la ciudad de México y algunas localidades de la Nueva Galicia y la Nueva Vizcaya. En las regiones alejadas, como Oaxaca, producían granos para el consumo local y también trigo a lo largo del camino a Veracruz7 Si bien los cereales se podían cultivar en pequeña escala con una reducida inversión de capital, como en las labores y los ranchos, hacerlo en las grandes haciendas implicaba una inversión elevada. La tierra para este tipo de cultivos costaba cara, lo mismo que los derechos sobre el agua, de manera que, al igual que en las haciendas azucareras, los hacendados tenían que realizar obras hidráulicas, tales como presas, acueductos y canales, porque el agua también se utilizaba para accionar los molinos de trigo.

Las grandes haciendas cerealeras contaban también con un conjunto de edificaciones que correspondían a la casa de vivienda, las casas para los trabajadores, la iglesia, los graneros y trojes, los corrales para los animales de trabajo y de tiro, y sitios destinados a alguna de las faenas agrícolas en particular, como la era —donde se efectuaba la trilla— y el aventadero —donde se separaba el grano ya trillado de la paja.

Las haciendas ganaderas

Por otra parte, las haciendas ganaderas criaban ganado bovino, equino y mular, que comercializaban como animales de tiro, de montura y de carga. También producían para el rastro, donde se utilizaba no sólo la carne, sino también el sebo y las pieles. La carne de res constituía un importante componente alimenticio en la dieta de toda la población —blanca, indígena y castas— y se abastecía de ella a las ciudades. En cuanto al sebo y las pieles, se comercializaban tanto en el mercado interno como en el externo. En particular, las pieles estaban entre los principales productos que se enviaban a España. Con el sebo se fabricaban jabón y velas, pues grandes cantidades de estas últimas se utilizaban en las minas, al igual que las pieles, que se empleaban para transportar el mineral y desaguar las galerías, entre otros usos. De manera que las minas resultaban mercados fundamentales para los productos ganaderos. Las haciendas ganaderas ocupaban grandes extensiones de terreno y por lo general estaban ubicadas en zonas alejadas de los centros urbanos, como los bosques y estepas tropicales, y en los extensos campos del norte.  0 Además, sólo se construían algunos corrales para resguardar los hatos y el costo de la mano de obra era bajo. Como unos cuantos pastores se hacían cargo de los rebaños, no se necesitaban viviendas ni capilla. Sólo las haciendas muy grandes contaban con este tipo de edificios.

Las haciendas pulqueras

Por tradición, la elaboración de pulque —bebida alcohólica obtenida de un agave— estuvo en manos de los indígenas que lo producían en pequeña escala para el consumo local. Sin embargo, a partir del segundo tercio del siglo XVIII los españoles empezaron a producir la bebida a gran escala, para comercializarla en los centros urbanos. En particular, en la zona semiárida de los llanos de Apan surgieron numerosas haciendas pulqueras que desplazaron la producción ganadera de esa región. El pulque resultó un buen negocio: requería poco capital y escasa mano de obra. Los magueyes se daban bien en las tierras áridas y necesitaban muy poca agua. Además, crecían con escasos cuidados. Por tales razones, los riesgos que este tipo de cultivo presentaba eran reducidos. Después de la siembra, el principal trabajo consistía en la recolección del aguamiel, actividad que realizaban los tlachiqueros, que podían ser trabajadores eventuales a los que se pagaba a destajo, o peones residentes de las haciendas. En la hacienda de San Antonio Tochatlaco se combinó la producción de pulque con el cultivo de cebada, maíz, haba, frijol y alverjón, todo lo cual se destinaba tanto al consumo interno como al mercado. No se sabe con certeza si esta práctica fue común, ya que existen pocos trabajos sobre haciendas pulqueras. Los edificios de las haciendas pulqueras constaban de la vivienda para el hacendado, cuartos para los trabajadores de “confianza”, un área administrativa, una capilla, la calpanería o vivienda para los peones residentes y el tinacal, donde se administraba el trabajo a los tlachiqueros y se registraban las entradas de aguamiel y las salidas de pulque. Aparte de los edificios, las magueyeras constituían el mayor valor de estas haciendas, que se cotizaban muy alto en relación con el costo de la tierra. El pulque se vendía en las pulquerías de la ciudad de México, que también eran propiedad de los grandes hacendados. Ahí tenían un mercado cautivo que les proporcionaba considerables ganancias.

Las haciendas de productos tropicales

Durante el periodo virreinal, las haciendas de productos tropicales tuvieron menor importancia que las antes mencionadas. Surgieron en las tierras bajas calurosas, principalmente de las costas. La mayor parte de los productos tropicales estaba orientada al mercado de exportación y entre ellos destacaban el cacao y el índigo (añil). El primero se producía en las costas del Pacífico, en las villas de Purificación y Colima, en los puertos de Zacatula, Huatulco y Acapulco, así como en Oaxaca, aunque también en Tabasco y sobre todo en la región del Soconusco, en las inmediaciones de Guatemala. Aunque el cultivo del cacao, en gran medida, todavía estaba en manos de los indios, hubo españoles que se dedicaron a su comercialización. Por otra parte, el índigo que se utilizaba para obtener el color azul se producía en la zona de Yautepec desde mediados del siglo XVI.  Pero ya en el último cuarto de ese siglo su producción se extendió, proliferando en Yucatán, donde había más de 48 haciendas dedicadas a su cultivo. El procesamiento del índigo era muy complejo y, como en el caso de la caña de azúcar, requería una técnica específica y complicadas instalaciones. Estas circunstancias hacían muy costosa su explotación. Finalmente, cabe aclarar que, además de que la mayoría de las haciendas agrícolas criaban algún ganado para proveerse de animales de trabajo y de tiro, y las ganaderas producían cierto número de productos agrícolas básicos para el autoconsumo, había un gran número de haciendas mixtas. Si bien este tipo de haciendas no se ha estudiado, de acuerdo con los inventarios y otro tipo de documentos, como los mapas, puede verse que fueron comunes.

Investigación y recopilación de Carlos Aldasoro Zetina.

Diciembre del 2020.