Requerimientos de una Hacienda, por Carlos Aldasoro Zetina

Las Haciendas cimentaron el sistema agropecuario de producción durante más de 300 años, el cuál conformo ya sea en la vida rural, como gran parte del desarrollo económico de lo que ahora es nuestro México. Sus antecedentes son complejos básicamente en relación a los efectos sociales.

Ya es conocido que no existió un modelo  de “la Hacienda” en la que podamos enmarcar toda la diversidad de ellas. Conscientes de que hubo características comunes en varias de ellas, estas fueron las menos, ya que a lo largo de la historia, el paso del tiempo, las condiciones geográficas, los tipos de producción, la oferta de la mano de obra, así como el perfil de los hacendados, lo que da por resultado una gran variedad de peculiaridades.

Este importante capítulo de la vida e historia nacional se origina muy próximo a la llamada conquista española, transita por la época virreinal, continua en el México independiente, con los movimientos revolucionarios sufre afectaciones y es de ocaso con las leyes de la reforma agraria de la primer mitad del siglo pasado.

Veamos los diferentes tipos de haciendas que hubo en México, las cerealeras,  ganaderas, azucareras, mineras, pulqueras y mezcaleras, henequeneras y algodoneras, tropicales y forestales entre otras. Esto resultado de la variedad climática y geográfica del país, resultando una gama de peculiaridades por sus tipos de producción.   

Edificaciones con las que cualquier casco de hacienda debía de contar son entre otras habitacional, tanto del hacendado como de sus empleados y peones acasillados, para la producción, almacenamiento, administración, servicios, resguardo e infaltable la de culto religioso. Infraestructura hidráulica, vías de comunicación y transporte, eslabón indispensable para el comercio.

Por último y no por ello menos importante, si no por el contrario, el motor de las haciendas lo conformaba su fuerza laboral integrado por un organigrama con una pirámide muy pronunciada, encabezada por el hacendado, sus administradores, mayordomos, empleados, capataces, sirvientes, trabajadores especializados, etcétera, hasta llegar a esclavos y/o peones acasillados  

Con este antecedente, no nos queda más que rendir un homenaje a aquellos hombres que edificaron estos grandiosos centros de producción rural como fortalezas, palacios o claustros que las realizaron eficientes, funcionales y bellas, adecuadas a su entorno y ecosistema,

Un reconocimiento muy especial a numerosas generaciones que con su tesón y trabajo hicieron que hayan trascendido al tiempo y podamos contar la historia de nuestro México rural y productor en diversas ramas económicas. 

Noviembre del 2020